El Colegio América es mucho más que un espacio para aprender. Es una comunidad formada por estudiantes, docentes, Hermanas Franciscanas de Jesús Crucificado y familias que comparten el compromiso de acompañar a cada generación en su camino de formación.
Desde nuestra identidad franciscana, entendemos la educación como una tarea compartida: educar es acompañar, servir, escuchar, enseñar y aprender juntos.
Cada persona que forma parte del Colegio América aporta algo único a nuestra comunidad y contribuye a construir un ambiente donde la fraternidad, el respeto, la alegría y el servicio puedan hacerse vida.
Porque una escuela se construye con conocimientos, pero una comunidad se construye con personas.
Son el corazón de nuestra comunidad educativa.
En cada salón, proyecto, celebración, juego y experiencia de aprendizaje, nuestras niñas, niños y adolescentes encuentran oportunidades para descubrir sus capacidades, expresar sus ideas, convivir con los demás y crecer como personas.
Queremos que nuestros estudiantes se sientan escuchados, acompañados, valorados y parte de una comunidad.
Detrás de cada experiencia de aprendizaje existe un docente que acompaña, orienta y cree en sus estudiantes.
Nuestro equipo docente participa en la construcción de experiencias educativas que buscan favorecer el aprendizaje y el desarrollo integral de cada estudiante.
Desde nuestra identidad franciscana, reconocemos la labor educativa como una oportunidad de servir, acompañar y transformar vidas a través de la educación.
La familia es un integrante fundamental de nuestra comunidad educativa.
Creemos que cuando escuela y familia trabajan de manera cercana, se generan mejores oportunidades para acompañar el desarrollo de nuestros estudiantes.
Por ello, buscamos fortalecer espacios de comunicación, participación y colaboración que permitan caminar juntos en la formación de nuestras niñas, niños y adolescentes.
La presencia de las Hermanas Franciscanas de Jesús Crucificado forma parte de la identidad y de la historia del Colegio América.
Desde su vocación religiosa y educativa, las Hermanas acompañan nuestra comunidad y mantienen vivo un estilo de educación inspirado en el Evangelio y en el carisma franciscano.
Su presencia nos recuerda que educar también significa servir, acompañar, amar y trabajar por una sociedad más fraterna.